
*A veces el alma se cansa sin decir una palabra.*
Y sin que nadie lo note, sigues caminando con grietas invisibles y silencios profundos.
*Pero Dios sí ve.*
*Él escucha incluso lo que no dices.*
*Él comprende tu cansancio y recoge cada lágrima que no dejaste caer.*
Hoy, no necesitas tener fuerzas. Solo necesitas abrir tu corazón.
Dios no te pide que seas fuerte, solo que no sueltes Su mano.
Y si te cuesta orar, solo repite en silencio:
“Aquí estoy, Señor. No me sueltes.”
Eso basta.
Él hará lo demás.
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